Archivos para Septiembre, 2008

MATADEROS, MUNICIPIOS Y CEMENTERIOS

Publicado en Uncategorized el Septiembre 21, 2008 por gabrielmuro

Francisco Salamone nació en León Forte, Catanea, Sicilia, el 5 de junio de 1897. Llegó a Buenos Aires cuando su padre, un constructor siciliano, decidió buscar fortuna en el nuevo mundo.

Se dedicó al oficio de su padre, la construcción, inició sus estudios en la Plata y los finalizó en la Universidad de Córdoba. En 1917 egresó con el título de Arquitecto e ingeniero.

Su magnífica obra comenzó en 1930 con el golpe militar de Uriburu.

Salamone tenía una gran amistad con el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Fresco, éste le dio a Salamone el trabajo de realizar estos maravillosos proyectos en la pampa húmeda.

Su trabajo se caracteriza por tres tipos de construcciones: municipalidades, portales de cementerios y mataderos.

  • Palacios Municipales. Características principales: la monumentalidad y las torres que simbolizan la avanzada de la civilización sobre el desierto. Coronel Pringles es el mayor exponente.

  • Los Cementerios. Se caracteriza por su monumentalidad y enormes portales simbolizan el cuerpo del que reposa reintegrándose a la tierra.

  • Los Mataderos. Funcionales en su representación arquitectónica. Uno de los principales exponentes es el de Coronel Pringles cuya torre simboliza la hoja de una cuchilla.

Cuando terminó la administración del gobernador Fresco, en 1940, Salamone y su familia se instalan en la capital, desde donde dirige múltiples obras de pavimentación urbana.

Francisco Salamone fallece el 8 de agosto de 1959 y sus restos descansan en el cementerio Jardín de Paz.

¿DÓNDE ESTÁ LA IMAGINACIÓN?

Publicado en Uncategorized el Septiembre 21, 2008 por gabrielmuro

Por Damián Tabarovsky

La anécdota es bastante conocida, pero siempre vale la pena volver a contarla. Un día de principios de 1960, el joven Michel Foucault, de 34 años, entra en la librería y editorial Jean-Jacques Pauvert. Hasta ese momento sólo había publicado un libro (Enfermedad mental y personalidad, del que renegaría inmediatamente) y estaba terminando de escribir Historia de la locura en la época clásica, que se editaría al año siguiente. Acababa de regresar de cuatro años de estadía en Suecia, más algún tiempo en Alemania, es decir que en Francia no era demasiado conocido. Pauvert, que también tenía 34 años, era en cambio un editor prestigioso y vanguardista, que había publicado clandestinamente a Sade, y que en una pequeña librería de la Rue de Vaugirard habitualmente recibía a amigos como Bataille, Leiris o Klossowski. Entra, entonces, Foucault a la librería y se encuentra con un libro de Raymond Roussel recién editado. Ignorando por completo de quién se trataba, le pregunta al editor. Y Pauvert le responde: “¿No sabe quién es? Váyase y no vuelva a esta librería hasta que no haya escrito un libro sobre Roussel”. Así fue: en 1963 Foucault publica Raymond Roussel, su único libro dedicado por entero a un solo autor.

A diferencia de otros filósofos franceses de su generación, como Derrida o Deleuze, Foucault no escribió mucho sobre literatura. Su aporte más importante no es tanto el libro sobre Roussel como ¿Qué es un autor?, un breve ensayo escrito en forma de work in progress donde, en sincronía con pensadores como Barthes, Lacan o Blanchot, critica el mito humanista del autor, la noción de yo y el ideal romántico del artista inspirado, en defensa de una literatura del lenguaje, de la idea de que es el lenguaje quien habla, o mejor dicho que somos hablados por el lenguaje. Al filósofo no le importa la literatura -género burgués- sino las formaciones discursivas, la épistémè. Sin embargo, siempre es interesante leer los textos laterales de los ensayistas centrales. En especial cuando rozan la literatura. No me refiero a Prefacio a la transgresión, su gran artículo sobre Bataille, donde en verdad poco habla de literatura y sí mucho de la relación entre representación, ley y sexualidad, sino a textos relegados, perdidos, poco frecuentados. Por ejemplo, un extraordinario artículo sobre Flaubert, llamado La biblioteca fantástica, publicado en 1967 en una revista hoy olvidada de nombre Cahiers Renaud-Barrault (pero que tuvo su importancia en los 60 y 70). Es un ensayo sobre La tentación de San Antonio, seguramente el libro de Flaubert menos leído, junto a Salambó. Pero Foucault, a quien evidentemente no le interesaba demasiado la literatura, usa como excusa a La tentación… y a Flaubert para pensar los cambios en el imaginario cultural de la modernidad. Escribe entonces frases perfectas, como ésta: “El siglo XIX descubrió un espacio de imaginación del que la edad precedente no había sin dudas sospechado la potencia. Ese nuevo lugar de los fantasmas no es más la noche, el sueño de la razón, el vacío incierto abierto frente al deseo: por el contrario, es la vigilia, la atención incansable, el celo erudito, la atención puntillosa. Una quimera puede nacer de la superficie blanca y negra de los signos impresos, del volumen cerrado y polvoriento que se abre bajo el impulso de palabras olvidadas (…) La imaginación se aloja entre el libro y la lámpara. No se lleva lo fantástico en el corazón, no se lo espera tampoco en las incongruencias de la naturaleza; se lo toma de la exactitud del saber; su riqueza está a la espera en el documento. Para soñar no hay que cerrar los ojos, hay que leer. La verdadera imagen es el conocimiento (…) Lo imaginario no se construye contra lo real para negarlo o compensarlo; se extiende a lo largo de los signos, de libro en libro, en el intersticio de las relecturas y los comentarios; nace y se forma en el entre dos de los textos. Es un fenómeno de biblioteca”.

STALIN & FRIENDS

Publicado en Uncategorized el Septiembre 16, 2008 por gabrielmuro

LA ERA DEL HIELO

Publicado en Uncategorized el Septiembre 7, 2008 por gabrielmuro

Por Santiago O’Donnell

Escuchen esto: “En los últimos 5 o 6 años la metaanfetamina ha tomado un gran auge porque tiene las mismas cualidades que la cocaína pero es mucho más barata, mucho más accesible, y tiene los mismos efectos. Pero lo verdaderamente preocupante es que puede ser producida en una casa, no necesita tener cultivos ni grandes laboratorios. Puedo producirla con dos botellas si tengo los productos, por ejemplo, efedrina que sirve para los problemas respiratorios y demás.”

No, no son palabras de un funcionario argentino para explicar el triple crimen de General Rodríguez. Fueron pronunciadas en 1997, o sea hace once años, en un simposio de la fundación Novum Millenium de Buenos Aires. Las dijo Abel Reynoso, entonces agente especial a cargo de la delegación en la Argentina de la DEA, la agencia antinarcóticos norteamericana. Esa tarde Reynoso habló largo y tendido de “lo que se viene”: la efedrina y la metaanfetamina y las demás drogas químicas.

Pero no pudo hacer mucho. Dos años después de su disertación, Reynoso declaró que importantes políticos de Argentina, Uruguay y Brasil estaban metidos en el negocio del narcolavado. Contó que investigaba una red internacional que habría blanqueado 1500 millones de dólares a partir de sociedades offshore creadas por el estudio uruguayo de Posadas, Posadas & Vecino, dirigido por un ex ministro de Economía de Lacalle. Según Reynoso, el estudio tenía vínculos con el menemismo y el entorno de Fernando Collor de Mello.

Las acusaciones contra estos respetables aliados de Washington no cayeron bien en el Departamento de Estado y el agente senior fue removido de su cargo. Lo mandaron a un puesto de escritorio en Washington y al año siguiente renunció.

¿Por qué habló? ¿Por qué lo sacaron? Reynoso no era ningún improvisado. Había recorrido el planeta persiguiendo narcos: Managua, Bangkok, Tijuana y Miami. Había sido vocero de la policía de Los Angeles. Había alcanzado el grado máximo de agente senior de la DEA.

El tema es que Reynoso trabajaba para Estados Unidos pero había nacido en Lanús y se consideraba argentino. Según él, lo sacaron porque no era como otros agentes de la DEA que venían al país para jugar al golf y no hacer nada. “La realidad es que yo molestaba por muchas razones: porque era argentino, porque sabía demasiado, porque hablaba con todo el mundo y porque no me podían controlar”, contó al año de renunciar, cuando este cronista lo entrevistó en Los Angeles. Reynoso seguía muy caliente.

“No nos engañemos. La Argentina se está muriendo, al país le meten toda la droga que quieren, le lavan el dinero, le venden todos los precursores químicos, transportan merca a morir. Los argentinos decimos que estamos muy lejos de todo, que nadie va a venir para acá. ¿Y cómo llegaron las mulas argentinas con heroína a los Estados Unidos? Y a Europa, ¿cómo llega la droga? ¿Y cómo llega la cocaína a Australia y Sudáfrica? ‘Estamos lejos’ es el verso más espectacular que se les ocurrió a los argentinos. Pero la Argentina está al lado de uno de los países que más drogas produce en el mundo. Bolivia no tiene salida al mar. ¿Por dónde cree que va a salir la droga? Pero claro. Soy tan estúpido yo, soy un ganso.”

Según contaba entonces Reynoso, los narcotraficantes argentinos no tocan la droga, pero hacen grandes negocios con ella. “La Argentina produce precursores químicos. Tiene un gran sistema financiero fantasma para mover una gran cantidad de dinero. Y la Argentina tiene grandes rutas para transportar todo lo que uno quiere. El tránsito es la parte más vulnerable del negocio del narcotraficante y por lo tanto está muy bien pago.”

¿Y cómo se instalan los narcos en la Argentina? Muy fácil. “Si yo soy un narco mexicano o colombiano, llego a la Argentina, me establezco en el mejor hotel de Buenos Aires y hago saber que quiero invertir 100 millones de dólares en un sho-pping o un negocio de exportación de vacas. Abro una cuenta en el banco más importante de la Argentina. Pongo 4 o 5 millones para empezar a operar. A los 10 minutos me llamaron todos los tipos grandes del mundo de los negocios. A la semana, ya me estoy codeando con ministros, porque me invitaron al hotel Alvear a una recepción, voy a los cócteles de las embajadas, voy al club de golf de San Isidro, salgo a navegar, porque tengo plata no me muevo con cualquiera.

“Al rato ya estoy almorzando en la Casa Rosada. No digo nada de lo que hago. Digo que me interesaría hacer un centro comercial, a lo mejor un restaurante. Entonces un secretario de un secretario hace unas llamadas y dice mirá, está fulano de tal, quiere invertir. Y se abren todas las puertas. Apenas pasó un mes.

“La prensa no sabe nada, a este nivel mi cara no existe. Entonces me establezco y llego cada tanto con millones de pesos e invierto. Entonces supongamos que un miembro de mi organización se manda una macana y lo agarran. ¿A dónde va dirigida mi primera llamada? Che, fulanito, estoy preocupado, yo tengo mucho dinero invertido en el país. No te preocupes, Abel, yo te lo arreglo. Entonces, ¿a quién llama? ¿Quién es el juez que lleva la causa, o el fiscal, o el ministro? Entonces, a la media hora se acaba la causa.”

El Yomagate ya era historia. Después aparecieron los documentos de la DEA involucrando a Yabrán, Juncadella y al padre de Juan Carlos Romero en maniobras de narcotráfico y narcolavado. Después, las cajas del Senado norteamericano que comprometían a los bancos de Moneta. Después le congelaron una cuenta al principal asesor del entonces ministro Ramón Ortega, porque la usaba el cartel de Juárez para invertir en Argentina, Uruguay y Chile. Después Mariano Perel contó en su testamento post-mortem cómo era la doble contabilidad del Banco Mercurio.

Mientras tanto la DEA sellaba la frontera boliviana para impedir la entrada de los precursores químicos usados en la fabricación de cocaína. Entonces los laboratorios se trasladaron a la Argentina y Brasil y desataron la epidemia de paco. Después se supo que el negocio pertenece a los narcos peruanos. Cosechan en Bolivia, cocinan en Salta y reparten en el Bajo Flores.

Ya en el 2001 Reynoso advertía que el Sedronar sólo servía de pantalla para los negocios de los narcos. “Lo mejor que podía haber hecho la Argentina es cerrar la secretaría. No tiene sentido que una misma dependencia se dedique a rehabilitar enfermos y a combatir a los cárteles de la droga. Por favor. La lucha contra el narcotráfico debería encararse desde la Secretaría de Seguridad, que es la que maneja la Policía Federal, la Gendarmería y la Prefectura. Me parece bastante elemental.”

Pero el Sedronar siguió existiendo. En tiempos de De la Rúa, menos de 20 empleados eran los encargados de fiscalizar a las 4000 empresas que producen precursores químicos en el país, de las cuales sólo 2600 presentaban documentación al día. En el Sedronar no tenían software, ni analistas de inteligencia, ni estrategias ni prioridades. Sólo un cuarto lleno de pilas de formularios que nadie revisaba y un encargado, el ingeniero químico Ricardo Rodolfo López, que le dijo a este cronista que elegía “completamente al azar” las empresas que inspeccionaba. Nunca hizo una denuncia.

“La sola idea de que un grupo de agentes puede controlar el tráfico de precursores con inspecciones al voleo me parece irrisorio. A veces se elige investigar un universo enorme para que no se investigue absolutamente nada”, dijo entonces Stephen Walker, ex jefe de la oficina del FBI en Montevideo en los ‘80.

Por esa época el Sedronar les quitó el derecho a exportar precursores a dos empresas argentinas cuando la Policía Aduanera detectó que los habían vendido a compradores bolivianos inexistentes. La Aduana había denunciado a las empresas en el fuero penal económico, pero el Sedronar le levantó la suspensión a una empresa al cabo de una semana y a la otra al cabo de un mes, mientras las causas se tramitaban en tribunales.

“Nosotros no tenemos ningún interés en que las empresas argentinas dejen de hacer ventas legales de precursores a Bolivia, porque si no Bolivia le va a comprar a otro país y nosotros nos perjudicamos”, explicó el comisionado López.

Después vino Duhalde. Durante muchos años el entonces senador provincial Horacio Román fue el nexo entre el duhaldismo y la policía bonaerense. Ahora los investigadores vinculan los negocios farmacéuticos de Román con el laboratorio de los mexicanos.

Mientras todo esto sucedía en la Argentina, Estados Unidos lanzaba una ofensiva contra el avance de la metaanfetamina. A partir del 2002 cerraron cientos de laboratorios clandestinos y pasaron leyes duras que limitan la tenencia de efedrina a nueve gramos por persona. Entonces el negocio se trasladó a México, donde los narcos empezaron a producir ice (hielo), una forma de metaanfetamina concentrada altamente adictiva.

Entre el 2003 y el 2005 la importaciones de efedrina a México se triplicaron. Durante ese período los secuestros de ice en la frontera y las internaciones por sobredosis de ice en Estados Unidos también se triplicaron. Entonces, a mediados del 2005, México empezó a controlar la entrada de efedrina en ese país. Para esa fecha dos importantes cadenas de farmacias mexicanas habían desembarcado en la Argentina con precios de oferta que sacudieron el mercado.

Después vinieron el triple crimen y el descubrimiento de un gran laboratorio del cartel mexicano más importante, el de Sinaloa, en Ingeniero Maschwitz. Después se conocieron los aportes de uno de los asesinados a la campaña de Cristina. Después se supo de las dos toneladas de efedrina proveniente de Argentina que aparecieron en el aeropuerto internacional de la capital mexicana. Entonces y sólo entonces el control de los precursores pasó al INTI, que no será un organismo de seguridad, pero al menos cuenta con más medios que el Sedronar para hacer el trabajo.

Pasaron once años desde que Reynoso habló de efedrina en la fundación Novum Millenium y muchas de sus profecías se fueron cumpliendo. Queda una, aunque sólo parece cuestión de tiempo: así como los laboratorios de cocaína eventualmente trajeron el paco, los de metaanfetamina prenuncian la llegada de la Era del Hielo. “Cuando los barrabravas empiecen a vender metaanfetamina y a crear zonas donde ellos controlen tanto la fabricación como la distribución, nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos van a tener problemas”, avisaba el agente.

Después de irse de la DEA, Reynoso se ilusionó con volver a la Argentina. “Sé que tarde o temprano me van a venir a buscar”, dijo en Los Angeles. “Si no es con este gobierno, será con el que viene, o con el que venga después. Soy joven (46 años) y tengo tiempo.”

Fue la última entrevista que dio. Desde entonces desarrolla su otra vocación. A través de su página web, abelreynoso.com, les vende grabados del tipo superhéroes en acción a las agencias de seguridad y fuerzas armadas de los Estados Unidos.

Sus agentes y soldados de fantasía, siempre activos y decididos, aparecen pertrechados con armamento, uniformes, equipos y vehículos de última generación. Un escudo, una bandera, una imagen del Capitolio o de la Estatua de la Libertad los contiene desde el fondo del cuadro. En cada imagen al menos un personaje mira de frente, interpelando al espectador, como queriendo arrancarlo de su pasividad.

Página 12/ Domingo 7 de Septiembre

MASA Y PODER

Publicado en Uncategorized el Septiembre 4, 2008 por gabrielmuro

Las ceremonias de apertura y cierre de las Olimpíadas fueron las niñas mimadas de la organización china. El mundo se babeó y repitió como bobo que estábamos frente a una ceremonia “como sólo los chinos podían hacer”. Pero hubo dos datos que nadie registró demasiado. El primero, que el director de ese espectáculo fue Zhang Yimou, el célebre director disidente de películas como Sorgo rojo, Esposas y concubinas y La casa de las dagas voladoras, durante años enfrentado al régimen comunista que censuró sus trabajos. El segundo dato: fueron los ingleses (organizadores de Londres 2012) y el mismo Yimou quienes lo pusieron en evidencia con sus declaraciones, la disciplina feroz y la explotación inhumana de los 15 mil chinos involucrados en esas coreografías, prueba del poderío y la preparación del anunciado nuevo imperio. Ahora, Occidente brama de espanto.

Por Hugo Salas

Las declaraciones de Zhang Yimou -director de las ceremonias de apertura y cierre de los recientes Juegos Olímpicos- a un periódico chino, traducidas y reproducidas luego por todo el orbe, causaron acrítico revuelo internacional. A grandes rasgos, el maestro de escena se limitó a señalar que resultaría imposible montar semejante demostración de regularidad y simetría física bajo las condiciones de producción que rigen en Occidente, donde los sindicatos e instituciones que nuclean a artistas y performers impiden las extenuantes jornadas de trabajo necesarias, e incluso se permitió deslizar la ironía de que sólo Corea del Norte hubiese podido hacerlo mejor. Es cierto que, en sus propias palabras, recordando su experiencia como régisseur para el Metropolitan Opera de Nueva York, sus opiniones sonaron un poco más controvertidas: “Allí sólo trabajan cuatro días y medio por semana, se toman dos recreos por día, no se puede trabajar después de hora y el respeto por los derechos humanos impide que padezcan la más mínima incomodidad física. Por si fuera poco, ni siquiera se los puede criticar”. A estas declaraciones, la prensa no tardó en sumar otros datos: que los más de 15 mil involucrados vivieron en barracas militares sin permiso de salida durante los meses de ensayo, que los casi 900 performers ocultos bajo las cajas que representaban los tipos móviles de la imprenta llevaban pañales para poder permanecer encerrados en ellas seis horas y que previsiblemente hubo numerosos desmayos e incluso heridos de consideración durante los ensayos.

Desde ya, tales condiciones de trabajo son indignantes y no deberían permitirse bajo ningún punto de vista en ningún lugar del planeta. Ahora bien, ¿de qué se indigna “Occidente”? ¿No era notorio y evidente, ya el 8 de agosto, que semejante despliegue no podía producirse sino bajo tales condiciones? ¿No se cansaron de festejar nuestros noticieros que se trataba de una ceremonia “como sólo los chinos podían hacerla”? En ese momento, que se recuerde, sólo hubo exclamaciones de júbilo y admiración, se les caía la baba (con la misma admiración con que, aún hoy, muchos argentinos recuerdan la presentación del infame Mundial ‘78), y nadie salía a preguntarse por qué un director antes “contestatario” se hacía cargo de la puesta en escena. Ocurre que, al igual que con ciertos productos alimenticios, a la sociedad contemporánea le encanta consumir estos espectáculos, pero no quiere saber de qué están hechos.

Dejando de lado detalles “tontos” (como el uso de animación computada para “mejorar” las imágenes de los fuegos artificiales o el hecho de que la nena que cantaba en realidad hacía playback de otra, considerada no-bonita), que a decir verdad constituyen el pan cotidiano del mundo del espectáculo (¿o acaso un país europeo o Estados Unidos pondrían a una nena “fea”?), es probable que si Zhang Yimou se hubiera abstenido de hacer estas declaraciones, nadie hubiese traído a colación las condiciones en que se produjo el espectáculo. A fin de cuentas, los discursos románticos del talento y la vocación (seguidos del sacrificio) siempre están a mano para no hablar del arte como un producto del trabajo humano, realidad “olvidada” que sólo se vuelve evidente, tangible en estas monumentales manifestaciones faraónicas, por lo general asociadas al poder político. Pero, ¿cuántos de quienes hoy se indignan por estas condiciones manifiestan también su desaprobación por el férreo régimen disciplinario que se aplica incluso a niños y niñas muy pequeños en las escuelas de ballet de todo el mundo (un régimen que entre otras cosas incluye pesajes constantes, en sociedades donde los trastornos de la alimentación han alcanzado niveles epidémicos), y ello por no hablar del mundo “deportivo”, asolado por los rankings y la profesionalización? ¿Alguien se preguntó, alguna vez, en qué condiciones trabajan los obreros que participan de la erección de los rascacielos que dan reconocimiento y prestigio a varios arquitectos occidentales?

Por otra parte, ¿tanto difieren estas condiciones de trabajo de las que aquejan en nuestro país a las cajeras de supermercado, conminadas a no abandonar sus puestos ni aun en caso de indisposición? Y las 16 horas de trabajo, ¿a quién espantan? Tal vez a los europeos, que tienen jornadas laborales de 4 días, pero no a los niños textiles del Sudeste asiático, como así tampoco a los empleados de call centers de la India. Vale decir: frente a las ceremonias chinas, el mundo demócrata-corporativista se indigna de ver objetivizados sus propios modos de funcionamiento, esos que barre bajo la alfombra de los “países en vías de desarrollo” (no deja de ser una lamentable paradoja, desde luego, que no sea dentro del capitalismo sino en un Estado supuestamente comunista donde se consume un hecho de explotación tan palmario).

En realidad, para las airadas voces liberales, lo escandaloso no son esas condiciones laborales sino que salgan a la luz dentro del inmaculado terreno de lo “estético”, que se hable del costo humano del espectáculo, ese punto en que lo intangible artístico, lo sublime trascendental, se degrada al barro de la fuerza, el sudor, el trabajo. Lo que Occidente no le perdona a Zhang Yimou -más allá del tono desafortunado, si hay que creerles a los traductores ingleses-, lo que no puede perdonarle, es que destruya de un plumazo el inmaculado y etéreo espacio del ocio burgués, evidenciando la explotación necesaria para producir esas figuras tan valoradas del orden, la regularidad, la simetría y la uniformidad. De hecho, si alguna pregunta deja abierta este escandalete, es la misma que varios directores de teatro, desde lo performático, vienen planteándose en las últimas décadas: si puede pensarse, hoy, un modo distinto de realidad escénica que no parta de la explotación (y la autoexplotación) de un cuerpo para el disfrute de un tercero.

Por si esto fuera poco, cabe recordar que tanto la apertura como el cierre de los Juegos no son arte sino espectáculo puro y duro, show, y cualquiera sabe que en esta arena estética degradada las condiciones de trabajo se vuelven aún más caníbales (en tanto toda chorus line está integrada por artistas funcionales, reemplazables, descartables; valga a modo de ejemplo e ilustración la saga de lesiones de Patinando por un sueño). Si en el arte, aun el monumental, la afirmación de la singularidad y el culto del individualismo (sin dejar de ser problemáticos) constituyen cuanto menos una posibilidad de evidenciar los problemas de la explotación y la crueldad, el show, en su condición absolutamente acrítica, no puede sino dar “lo que el público quiere”, sin plantear jamás dudas por el costo de esa producción. Lo que han hecho, una vez más con su habitual conciencia de la historia, los chinos.

Página12, suplemento Radar, Domingo 31 de agosto del 2008

MAKE UP ARTIST

Publicado en Uncategorized el Septiembre 3, 2008 por gabrielmuro