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Bukowski: poema navideño para un hombre encarcelado

Publicado en Uncategorized el Marzo 29, 2009 por gabrielmuro
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hola Bill Abbott:
me parece muy valioso que distribuyas mis libros
allá en la cárcel, mis poemas y cuentos.
si puedo aligerar la carga de algunos de los tipos con
mis libros, bárbaro.
pero la literatura, sabés, es difícil de asimilar
para el hombre ordinario (y para el extraordinario también);
a mí no me gusta la mayoría de la poesía, por ejemplo,
por eso escribo la mía de la manera que me gustaría leerla.
 
la poesía pareciera que se está volviendo mejor, más
humana,
la claridad del lenguaje tiene algo que
ver con eso (w. c. williams vino y le pidió
a todos que aclararan el lenguaje)
luego
vine yo.
 
pero escribir es una cosa, y la vida
otra, pareciera
que hemos mejorado la escritura un poquito
pero la vida (nuestra y ajena)
no pareciera estar mejorando gran
cosa.
 
quizás si escribiéramos lo suficientemente bien
y viviéramos un poco mejor
la vida mejoraría un poquito
como para que no dé vergüenza.
quizás los artistas no han sido lo suficientemente
poderosos,
¿quizás los políticos, los generales, los jueces, los
curas, la policía, los cafiolos, los hombres de negocios han sido demasiado
fuertes? no me
gusta esa idea
pero cuando miro a nuestros pálidos y preciosos artistas,
actuales y pasados, me parece que es
posible que sí.
 
(a la gente no le gusta cuando hablo así.
Chinaski, cortala, dicen,
no sos tan grandioso.
pero
carajo, no estoy hablando acerca de ser
grandioso.)
 
lo que estoy diciendo es
que el arte no ha mejorado la vida como
debería, ¿quizás porque ha sido algo demasiado
privado? y a pesar del hecho que los viejos poetas
y los nuevos poetas y yo
hemos tenido todos problemas idénticos parecidos
con:
las mujeres
el gobierno
Dios
el amor
el odio
la indigencia
la esclavitud
el insomnio
la deportación
el clima
las esposas, y así
sucesivamente.
 
ahora me escribís
que al hombre de la celda de al lado tuyo
no le gusta mi puntuación
como pongo las comas (especialmente)
y también la manera en que divago
para decir algo con precisión.
ah, él no se da cuenta de la intención
la cual es
              liberar, humanizar, relajar
y aún así hacerla tan real como sea posible
a la palabra en la página. la palabra debe ser como
la manteca o la palta o
el churrasco o los biscochitos calientes, o los anillos de cebolla o
cualquier otra cosa que sea realmente
necesaria. debería ser casi
posible que agarres las palabras y
te las comas.
 
(debe de haber algún vivo en alguna parte
por allí
que dirá
si es que lee alguna vez ésto:
"¡Chinaski, si quisiera una cena voy y
la pido!")
 
como sea
un artista puede divagar y aún así mantener
la forma esencial. Dostoievski lo hacía. él
normalmente contaba 3 o 4 historias marginales
mientras contaba la que era
central (en sus novelas, claro está).
Bach nos enseñó como poner una melodía encima de
otra y otra melodía encima de
esa y
Mahler divagaba más que ninguno que yo conozca
y yo encuentro gran significado
en su pretendida falta de forma.
no dejés que los chicos de la forma y la regla
como el tipo de la celda contigua
te las pongan encima tuyo. sólo
dale un ejemplar de Time o Newsweek
y estará feliz.
 
pero no estoy defendiendo mi obra (ni de vos ni de él)
estoy defendiendo mi derecho a hacerla de la manera
que me hace sentir mejor.
siempre pienso que si un escritor se aburre con su obra
el lector va a
aburrirse también.
 
y no creo en la
perfección, creo en mantener los
intestinos libres
por lo que coincido con los que me critican
cuando dicen que lo que escribo es un montón de mierda.
 
estás condenado a 19 años y 1/2
yo vengo escribiendo desde casi 40.
seguimos adelante con nuestras cosas.
seguimos adelante con nuestras vidas.
a veces escribimos mal
o a veces vivimos mal.
todos tenemos malos días
y noches.
 
a ese tipo de la celda al lado de la tuya debería mandarle
Las Obras Selectas de Robert Browning para Navidad,
eso le daría la forma que él está buscando
pero necesito la guita para el hipódromo,
Santa Anita abre el
26, así que dale un ejemplar de Newsweek
(los muertos no tienen futuro, ni pasado, ni presente,
sólo se preocupan por las comas)
y ¿puse adecuadamente las comas
aquí,

Abbott?

Franco Berardi: Crisis de la Civilización

Publicado en Uncategorized el Marzo 27, 2009 por gabrielmuro

Intelectual al servicio de la vida cotidiana, pope del medioactivismo europeo, Berardi es un lúcido crítico del capitalismo neoliberal en la era informática. Atento a la íntima relación entre economía y salud, propone una lectura de la crisis financiera y una “nueva cultura de la frugalidad” que pueda superarla, además de señalar límites y justificaciones al entusiasmo por el flamante nuevo gobierno en Estados Unidos, donde él vivió a principios de los 80.

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Nacido en Bolonia en 1949, donde hoy reside, licenciado en Estética, partícipe como estudiante del movimiento del 68, agitador intelectual del autonomismo obrero en los 70, fundador de la primera radio comunitaria italiana en 1977 (Radio Alice), medioactivista consuetudinario, Franco Berardi, apodado Bifo desde joven, es uno de los más originales pensadores actuales del funcionamiento de las redes productivas, es decir, de la renovación de los modos de ser del capitalismo.

Así, quien a fines de los 70 huyó de la policía italiana hacia Francia, donde frecuentó a pensadores como Felix Guattari y Michel Foucault, en los últimos años viene publicando diversos libros donde analiza la “mutación antropológica” protagonizada por la humanidad desde las primeras generaciones educadas frente a la pantalla, superficie tecnológica a través de la cual a los hombres nuevos se les presenta el mundo (“les enseña a los niños más palabras que su madre”).

O también habla, Bifo, del “capitalismo recombinante”, donde las cadenas productivas no necesitan personas sino momentos puntales, aptitudes, cualidades, backgrounds; momentos y ejecuciones que luego se recombinan con otros, sin hacerse cargo necesariamente del cuerpo y la vida de la cual el momento tomado como insumo forma parte; momentos fuera de los cuales todos resultamos prescindibles, causando -además de workaholics- esa sensación de vacua contingencia tan denunciada por los teóricos de la posmodernidad.

Bifo es un autor que, desde el espectro intelectual trabajado por Gilles Deleuze y Toni Negri, ofrece intuiciones e interpretaciones singulares y aperturistas para los rasgos fundamentales de la sociedad contemporánea. Pero lo hace partiendo muchas veces de problemas urgentes para todos, como, por ejemplo, los asesinatos colectivos en las universidades y escuelas estadounidenses, que vincula con la gestión farmacológica de las depresiones (que desinhibe sin sanar), con el retiro del sentido de la vida social y la frustración siempre agazapada en los proyectos de vida basados en el éxito individual. A su vez, vincula al metodismo calculador propio del puritanismo con la lógica binaria de internet y sus respectivas capacidades de albergar diversas poblaciones, en un caso, y de información en el otro.

Berardi es especialmente sensible hacia la cultura estadounidense porque vivió en Nueva York entre el 80 y el 83. Al respecto cuenta: “La situación italiana era muy tensa para mí. En los 70 había participado en el movimiento de autonomía, que era libertario, anticapitalista pero también antiestalinista. Sin embargo, las Brigadas Rojas, que sí eran estalinistas, ocuparon la atención política más tarde; me sentía enemigo tanto suyo como del Estado. Decidí escapar. ¿A dónde? A la ciudad cuya escena cultural y musical parecía más interesante: Manhattan. El sitio era fantástico para participar en los acontecimientos de la época, la radicalidad punk y el experimentalismo new wave. Además, la mutación tecnológica video-electrónica estaba en el aire, y se mezclaba al sentimiento de catástrofe del punk. Pero lo que más me interesó fue el sentimiento de vivir en una situación completamente nueva a nivel cultural, porque Europa, de donde venía, era -y en cierto sentido sigue siendo- un lugar culturalmente homogéneo, donde los extranjeros son una diferencia lejana y difícilmente asimilable, mientras que la realidad neoyorkina me golpeaba con una heterogeneidad feliz, con la locura alegre de la población multiétnica; una explosión de vitalidad urbana hecha de una mezcla de indigenismo, punk, droga y creatividad. Después, allí las cosas cambiaron profundamente, con la ola reaganiana antilibertaria, manifestada en la ideología de la seguridad durante el período del alcalde Giuliani”.

ALMA MAGAZINE: Esa corriente ideológica se correspondía con el neoliberalismo -en ciernes desde la crisis del petróleo de fines de los 70-, que, como es oportuno señalar, es el modelo que actualmente se cae a pedazos. ¿Cómo interpreta usted la actual crisis financiera?
FRANCO BERARDI: La crisis financiera (y económica) puede leerse como una consecuencia de la devastadora política de hipercrecimiento e hiperconsumo promocionada, en efecto, por el capitalismo neoliberal. Hace poco, el periodista estadounidense Thomas Friedman escribió en el International Herald Tribune que lo que se verificó en los últimos años ha sido una transferencia de recursos gigantesca, histórica, que supera hasta precedentes como la revolución bolchevique de 1917. Pero, dice, no se trata en este caso de una transferencia de riquezas y poder de una clase social a otra, sino que asistimos a una transferencia de recursos del futuro hacia el presente. Porque recursos financieros, económicos y naturales, destinados a las generaciones venideras, han sido consumidos en la actualidad de manera destructiva. Es por eso que las nuevas generaciones se encuentran esencialmente desprovistas de los elementos necesarios para proyectar una vida económica.

AM: ¿Cómo pueden afrontar ese peso las generaciones jóvenes?
F.B.: Lo que tendrá que ser pagado por las generaciones del futuro es el inmenso gasto del plan de rescate bancario. La deuda se hace inmensa, aunque es sobre todo una deuda de este tiempo hacia el porvenir. Porque se invierte con esfuerzos sociales gigantescos en empresas que no tienen ninguna utilidad social. Por estos motivos, en Italia el movimiento estudiantil que protagonizó importantísimas protestas en los últimos meses de 2008 (La Onda) dice: “Vuestra crisis no queremos pagarla”.

AM: Ese rescate, ¿implica una lógica de funcionamiento del sistema?
F.B.: La ideología moderna y la acumulación capitalista se fundan sobre la negación del carácter limitado de los recursos naturales, energéticos y, sobre todo, de los recursos psíquicos de los humanos. Y lo que vemos hoy claramente es el agotamiento de estos recursos. La naturaleza no puede soportar una explotación infinita, la energía psíquica de los seres humanos tampoco, porque provoca fenómenos masivos de pánico, de depresión, como se viene viendo en los últimos lustros. La economía capitalista contemporánea se ha apoyado en la industria farmacológica, en drogas que permiten a los trabajadores adaptarse al régimen de producción constante, no obstante esto ya la primera crisis de las empresas punto com hizo patente el límite. Los recursos necesarios para seguir desarrollando la sociedad bajo las condiciones del crecimiento capitalista se agotaron, y el plan de rescate de los bancos centrales de las potencias occidentales no puede sino acarrear el secamiento de toda la energía económica de crecimiento posible.

AM: No parece un pronóstico muy feliz. ¿Encuentra en el panorama algunos elementos alentadores?
F.B.: Creo que la humanidad está frente a la necesidad de cambiar radicalmente su estilo de vida y de consumo. Lo cual puede ser un proceso infinitamente doloroso y agresivo, ya que muchos occidentales seguramente se resistan a aceptar este cambio, y una verdadera ola de guerra civil interétnica podría manifestarse en los próximos años en todo el mundo occidental; sobre todo en Europa, donde por causa de una ofensiva mediática racista, los inmigrantes son percibidos como la causa de la reducción de los recursos disponibles. En estas condiciones, lo que emerge como necesario, inevitable, es un salto en una dimensión distinta, una dimensión post-crecimiento.

AM: ¿Post-crecimiento?
F.B.: Post-crecimiento es una nueva cultura de la producción, basada en una redefinición de la percepción social de la riqueza. No necesitamos de un crecimiento sin límites del consumo. No necesitamos de una aceleración continua de los ritmos de producción, más bien deben ser reducidos, igual que el tiempo de trabajo. Los seres humanos tienen que gozar de tiempo libre y socializar la forma misma del consumo. Eso es el principio del post-crecimiento.

AM: ¿Cómo se organizaría materialmente ese post-crecimiento?
F.B.: Para recuperar el futuro es fundamental, insisto, ser capaces de crear una nueva percepción de la vida cotidiana, una percepción post-económica; concebir la riqueza, por ejemplo, como el goce de la pereza. Creo que los protagonistas del cambio social no serán pobres, sino ricos, pero ricos de tiempo.

AM: ¿Qué significa tener tiempo? Me imagino que no se refiere ni a ricos que viven de rentas ni a sufridos desocupados.
F.B.: Bueno, es una pregunta que necesitaría mucho tiempo para ser tomada en profundidad. Aunque en principio creo que tienen tiempo aquellos que se inventan modos de derrocharlo activamente. Es precisa una trastocación de los criterios y las jerarquías de los valores. Por ejemplo, la movilización antibélica está destinada a una toma de conciencia de la inhumanidad implícita de la sumisión del saber y de la vida al beneficio; el slogan “no blood for oil” (no a la sangre a cambio de petróleo) expresa esta conciencia. Sé que una nueva cultura de la frugalidad es, en este momento, una posibilidad marginal aunque necesaria. Una reducción general del esfuerzo económico, de la competencia económica exasperada; una expansión del tiempo de goce, de libertad, de comunidad, de afección, de cultura. Apostar por proyectos de vida cotidiana que propicien una nueva relación con el territorio urbano, una liberación de la máquina, el petróleo y sus inercias automáticas.

AM: Respecto específicamente del escenario estadounidense, ¿cómo lee la victoria de Barack Obama? ¿Puede expresar voluntades de un cambio en el sentido que usted pregona?
F.B.: Para desplegar este cambio es necesaria una verdadera revolución cultural. Por supuesto no conozco los pensamientos íntimos de Barack Obama, pero no parece haberse expresado con demasiado detalle y profundidad sobre las decisiones económicas de su inminente presidencia. Es probable que el primer presidente post-partisan y post-ideológico no tenga ideas prefijadas; es probable que verdaderamente sea tan pragmático como se dice. Sin embargo, aún esto no significa mucho. El puede elegir favorecer a las corporaciones capitalistas globales, puede impulsar un relanzamiento del capitalismo concurrencial, es decir recurrir a los modelos de producción capitalista clásicos, fabriles, lo cual sería un fracaso terrible; o puede optar por favorecer las fuerzas sociales de la cultura, de la tecnología dulce, del trabajo como fuerza creativa.

AM: ¿Qué significa post-partisan?
F.B.: Obama se presenta como presidente post-partisan en el sentido de que no quiere representar sólo una fuerza política contra la otra, sino que quiere representar a todos los estadounidenses. Presunción que puede leerse en el marco de una superación de la lógica bipartidaria confrontativa de la Guerra Fría. No obstante, naturalmente, esta autopresentación del nuevo presidente norteamericano tiene a su vez mucho de ideológica, y se funda en la pretensión de que los intereses de las diferentes clases sociales se puedan identificar en una misma política de unidad de todos contra la crisis. Desafortunadamente, las cosas son mucho más complicadas.

AM: ¿Pero cuáles son las tendencias contenidas en la victoria de Obama que más esperanzadoras le resultan?
F.B.: El triunfo de Obama no puede entenderse sin el efecto que tuvo la presidencia de George W. Bush, sobre todo el altísimo grado de aislamiento que adquirieron los estadounidenses, además de la estrepitosa derrota geopolítica y económica. El sistema norteamericano necesita una nueva cara, un rostro completamente diferente con el que pueda presentarse a los pueblos de toda la tierra. La cara de Obama es nueva; queda por ver si se corresponde, a su vez, con una nueva alma cultural de la sociedad. Y por otro lado, creo que es importante considerar la posibilidad de que la victoria de Obama esté ligada al renacimiento indigenista que en los últimos años se produce en los países latinoamericanos.

AM: ¿Son esas fuerzas suficientes para imaginar un liderazgo mundial estadounidense con una modalidad bien distinta a la actual?
F.B.: No sé si Obama tendrá la fuerza necesaria para imponer un cambio de dirección tan profundo que logre que Estados Unidos devenga la vanguardia del post-crecimiento y del post-capitalismo en el mundo. Y si bien tal cosa parece paradójica, es el papel que le toca hoy por hoy al presidente estadounidense. No será fácil: las fuerzas contrarias son inmensamente potentes. Pero también es inmensamente profunda la crisis del modelo regido por esas fuerzas.
 

Texto: Agustín J. Valle

Seguridad, territorio y comunicación

Publicado en Uncategorized el Marzo 22, 2009 por gabrielmuro

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En estos días las aguas se vuelven a agitar con discursos políticos y económicos que pugnan por decir la verdad acerca del país, acerca de lo que necesita, de lo que es, de lo que le falta. Debates incesantes (y no poco interesados) acerca de la dirección que puede o no tomar esta sociedad. Los temas candentes son la seguridad, el territorio y la comunicación, pero los tomaremos en lo que tienen para nosotros de común: la distribución de la riqueza. Los dos bloque en pugna, a saber: el kirchnerismo y la oposición, se presentan a sí mismos como las únicas alternativas posibles. Se trata de despuntar el vicio maniqueo y de poner en orden las razones profundas de esta disputa para poder crear las condiciones, por fin, de una auténtica política de la verdad.  

 

Seguridad

 

Por todos lados y por todos los medios se habla aquí de seguridad. Sin embargo, esta se nos aparece como una noción vaga y vaciada de contenido. Los dispositivos de seguridad aparecen como dispositivos poblacionales globales que determinan una economía del peligro, un estudio pormenorizado de costos y probablidades del comportamiento de la población para así poder dar con técnicas globales de mantenimiento de la seguridad. Lo que sobrevuela hoy en la Argentina ya no es esa idea de seguridad sino una regresión en la tecnología penal, o por lo menos un cambio en la dominante: se privilegia el castigo antes que la regulación poblacional. Lo que exigen los vitalicios de la mano dura y la pena de muerte es el castigo brutal y ejemplar sin importar el trasfondo social que produce violencia. La farándula y sus fans salen al cruce y muestran los dientes. Quieren más policía, más represión, y hasta pena de muerte. No saben cómo reaccionar frente a los elevados niveles de violencia. No pueden reaccionar porque pretenden mantener las antiguas buenas formas de la civilidad, cueste lo que cueste: el saludo al vecino, al policía de la cuadra, el mate en la esquina, misa y familia los domingos (o el shabatt de los viernes). No quieren ver el proceso de descomposición total que se haya bajo las capas de asfalto, y muchas veces en sus propias casas. No quieren ver la pobreza extrema (aunque la vean todo el tiempo, todos los días), ni el grado infernal de degradación psíquica y existencial al que han llegado las nuevas generaciones de excluidos en la argentina. Se trata de sujetos completamente despolitizados y atemorizados, una combinatoria fatal. A ellos se les pliega la burguesía VIP. Éstos no salen a la calle, la calle ya no cuenta, es un lugar meramente de tránsito, desde Puerto Madero o el microcentro hasta Pilar. Sin embargo, pueden ser interceptados en el camino, y eso ya los inquieta. Nadie está a salvo, dice el multimillonario Tinelli. En todo caso se rasgan las vestiduras en el Club House, o entre partidas de golf. Frente a esto, sin embargo, algunas voces con expreriencia en el trabajo en los asentamientos, alertando sobre las verdaderas razones de esta violencia desmedida: la desigualdad social y simbólica. En las villas el peligro es mucho más grande que en los barrios de clase media. Allí los jóvenes son reclutados por las bandas desde muy chicos, son maltratados y puestos a prueba a través de códigos brutales. Librados a su propia suerte, poco tiempo pasa antes de que caigan abatidos por sus propios tiros o que maten por veinte pesos. Da igual, porque para ellos el futuro ya pasó. Su situación existencial podría definirse como post apocalíptica. Es la distopía de la sociedad selvática donde la única solución, nos quieren hacer creer, es el encierro: el autoinfligido, el country, la biosfera cheta, o el castigo de la prisión, con todo su horror indiferente.

Reemerge la demanda del castigo brutal en el marco de una sociedad descompuesta, incapaz de producir poblaciones integradas, se quiere regresar al castigo binario de vida o muerte, porque vivimos en una sociedad que se sabe incapaz de solucionar los altos márgenes de exclusión que la azotan, y por ello ya no cree en el cálculo de probabilidades.

 

Terriotorio

 

El campo argentino, conformado como bloque interclasista, vuelve al paro. Este sector tan peculiar no da tregua en sus reivindicaciones. Poco tiene que ver este campo con el de hace cincuenta,  treinta o quince años atrás. En el último decenio ha sufrido transformaciones tecnológicas y estructurales insoslayables propiciadas por la devaluación y la revalorización de la tierra a través de la reconversión del sistema financiero. La soja aparece como el yuyo milagroso, ya no se le reza al gauchito gil, sino a la oleaginosa transgénica. El proceso mismo de producción se ha vuelto rizomático. La tierra es arrendada por un chaquarero que le alquila al gran terrateniente y aquel a su vez le alquila a otro chaquarero. Las divisiones entre grandes, medianos y pequeños terratenientes es menos clara, aunque por supuesto, siga existiendo. La concentración de la tierra en pocas manos es una problemática grave, que de hecho se ha agravado en los útilmos años, al igual que en el resto de la estructura económica. En lo alto se encuentran los pooles de siembra, propios de la dinámica financiera terciarizada. Se mueven en diagonal y le alquilan sus tierras a los chaquareos para arrendarlas a gran escala. Habría, entonces, un desarrollo en los modos de producción agrícolas, al compás del desarrollo financiero y tecnológico del siglo XXI, que determinan un nuevo orden campestre. Como platea el pensador Gustavo Grobocopatel, la sociedad del conocimiento ha llegando al campo. El mismo gobierno que propició esta desregulación financiera del campo ahora se vuelve su principal adversario. El gobierno no pretende una nueva política agraria, ni se plantea una desconcentración de la tierra, sino simplemente un férreo control impositivo sobre la soja, ese oscuro objeto de deseo. Todos se disputan la bendición de la soja, un cultivo de doble faz, como todo fetiche: produce riqueza y a su vez arruina la tierra, siendo fuente de las más celosas disputas. Todos la quieren sacar a bailar.  

El gobierno, con su habitual ejercicio íntimo (doméstico) del poder, continúa siendo incapaz de generar algún tipo de movilización social que lo respalde. Actúa solitariamente, pregonando en medio del desierto conyugal, sin llegada social fuera de la red de intendentes, punteros, y algunos pocos gobernadores. No han conseguido conquistar a ningún sector del campo, no han logrado desactivar la alianza campera interclasista, ni proponen algún tipo de transferencia de recursos desde el campo a la industria. Luego de la derrota de la 125 solo han mascullado resentimiento, preocupándose tan solo por la manera de conservar el poder hasta el 2011. Capaces hasta de aliarse con Saadi y Barrionuevo en una provincia electoralmente insignificante a nivel nacional. Solo desean retenciones a la soja, ese canto de sirenas que enloquece a los marineros.  Porque no se trata tan sólo de la distribución de la riqueza, cuestión vaga y de muy corto alcance, sino de los modos posibles de producir riqueza de forma sustentable y en manos de los propios productores.

Lo que hoy está en juego es el modo de acumulación de capital y la organización de la fuerza de trabajo en el marco de la crisis global. El modo de acumulación no se revierte por el solo decreto de coparticipar las retenciones de la soja. En todo caso, el verdadero fin de esta medida es contener la desocupación creceinte, seguir haciendo pagar a los productores de soja, y ganarse la influencia de intendentes del territorio sojero nacional. El verdadero problema político de nuestros días se da en relación a las divisiones binarias que azotan al país y al mundo. La cuestión acerca del afuera y del adentro. El adentro en este caso vendría a ser el productor de riqueza del campo, el cual, de todas formas, solo puede dar trabajo a una minoría por las propias características del mundo agrario. La inclusión solo puede darse a través del capital industrial y propiamente tecnológico, incluyendo a la agroindustria, el cual exige urgentes políticas de incentivo, de las cuales el gobierno carece completamente, limitándose a mantener el orden macroeconómico y pareciendo creer que después el derrame hace el resto del trabajo. Una versión torpe del círculo virtuoso de Perón.  

 

Comunicación

 

El gobierno anuncia el plan de reforma de la ley de radiodifusión. Un paso importante hacia una descentralización de los medios y de la información, en una sociedad cada vez más tecnificada y al mismo tiempo excluyente y vaciada de política. Porque esta es una de las claves: pensar la lucha en los términos de la sociedad tecnológica y de control en la que ya vivimos. Esa sociedad ya llegó a la argentina (de la mano de Menem), de una manera salvaje, devastadora, por lo que la transformación de la estructura comunicacional es urgente. Sin embargo, cabe dudar de un gobierno que se lanza a esta aventura casi seis años después de haber tenido la oportunidad, justamente hoy cuando su brillo se eclipsa y cuando tiene de principales enemigos a buena parte de los grandes medios de comunicación que alguna vez, no hace tanto, tuvo de aliados incondicionales y a los cuáles prorrogó sus licencias.

Sobre esto veremos qué sucede, es un paso necesario, aunque promovido por intereses coyunturales. Si la ley se aprueba no habrá que agradecerla como una dádiva, sino utilizar los nuevos espacios comunicacionales para continuar ejerciendo la crítica como desafío a lo existente, porque hoy la comunicación es la soja de las poblaciones.

McLuhan siempre estuvo cerca

Publicado en Uncategorized el Marzo 22, 2009 por gabrielmuro

Sai no more

Publicado en Uncategorized el Marzo 18, 2009 por gabrielmuro

Diagrama parasitológico, otro disparo certero perpetuado por Leonardo Sai

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La muerte: una pena

Publicado en Uncategorized el Marzo 12, 2009 por gabrielmuro

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Por Eduardo Grüner *

“El miedo originario crea fantasmas absurdos. Evoca mutiladas víctimas de los relatos de Ulrico Schmidl. Sabemos que nos defienden disciplinadas fuerzas del orden, y la oleada del peligro nos llega desde allá (…). La tierra desde lejos nos transmite ese pavor. Un pavor mortecino, húmedo, terrestre y antiguo que también brota al menor descuido. Una ciudad inestable y atroz reposa muda y quieta, dentro o debajo de las otras.” Etcétera, etcétera. Durante unas 300 páginas más elabora ese tono, entre melancólico y apocalíptico, Ezequiel Martínez Estrada en su obra maestra La Cabeza de Goliat. Parece -es casi una banalidad decirlo- “escrito ayer”. Salvo que en su época la luz y el sonido catódico/estupefaciente no se deslizaba todavía en las penumbras íntimas del living o el dormitorio del proverbial “burgués asustado” listo para improvisarse fascista en el desayuno. Ni había, por lo tanto, vedettes ya ni siquiera con la ternura de la decadencia, chocheando gagá-gangosamente, transidas -es probable- de dolor auténtico y sin embargo con la peor mala fe, llamando a un ojo por ojo que, bien lejos de la épica vetero-testamentaria, apenas aspira al patetismo mediocre del susto de casta (adquirida, no adscripta) y la mueca casi última de una Judith con las marquesinas ya quemadas: el que mata tiene que morir, va de suyo, y como esto último nos va a suceder a todos, cuanto más cerca están más quisieran algunos/as, en ese resentimiento, irse acompañados/as. Ella no lo sabe -y por eso dice la verdad-, pero está planteando, por la negativa, un sesudo dilema de ética kantiana: ¿Acaso no tengo derecho a elevar mis pasiones personales a ley universal? Si en buen/a ciudadano/a pienso que el que mata debe ser matado, pero yo, claro, no sería capaz de hacerlo, ¿no debería hacerlo el Estado, “representante” de la voluntad del pueblo? “Hay muchos que piensan como yo” no es una mera falacia estadística: es sensibilidad para procesar una voluntad (incluso una “conciencia”) de clase, más el candor impune proveniente de haber llegado a la “clase”, y no tener que dignificar una prosapia. El Su-tinellismo (que ahora sabemos incluye reflejos spinettistas) no es una insensata farandulada individual: es una influyente configuración político-cultural que -como se dice- “produce subjetividad”. Así que -salvo por el detalle de ese catodismo actual con un poder multiplicador para el terror ya largamente inscripto en el corpus del socius (tema eminentemente león-rozitchneriano, se advertirá)-, salvo por eso, seguimos en don Ezequiel. Quiero decir: evocando “mutiladas víctimas” que vienen del fondo de los tiempos (o de los estómagos de los deglutidores de Garay) para que el pavor mortecino brote al menor descuido -aunque no parece tan descuidado que re-brote, sin duda por azar, casi siempre en calendas electorales-. La div(in)a no sabe -por eso es eficaz- que dice la verdad: los ventrílocuos a los que chiroliza se preparan para gobernar. “La mayor pasión de mi vida ha sido el Miedo”, confesó célebremente, hace tres siglos y medio, Thomas Hobbes, el fundador de toda posible filosofía del Estado “autoritario” (aunque, éste es otro debate que alguna vez habría que hacer: ¿no dice Freud, en algún lado, que el autoritarismo aparece precisamente cuando falla la autoridad?). ¿Por qué habríamos de ser menos los porteños de hoy, con nuestro “pavor” de que en cualquier momento (“por un descuido”) se resquebraje el asfalto de Belgrano o Recoleta y emerja -como en alguna vieja película B de ciencia-ficción en la que los invasores marcianos salían de bajo tierra (¿o era que se levantaban los muertos?: ya no recuerdo)- esa “otra ciudad” inestable o atroz que preferiríamos des-conocer (porque descompensan nuestra energía, parece que dijo otra vetero-vedette, con tonalidades más new age). El miedo fue el tema de Hobbes, en los albores del capitalismo, y sigue siendo el nuestro, en sus estertores indeterminadamente prolongados. Lo conocimos, inflado hasta el horror indecible -ninguna apelación oficial a la Memoria logrará borrar ese recuerdo- del ‘76 al ‘83. Pero sobrevivió después (es una de esas ciudades escondidas “dentro o debajo de las otras”), trasmutado en hiperinflación o la sorpresa que correspondiera. Hubo que pasar al que se fue (único de los todos que se tenían que ir) en autogiro nocturno, y la re-fundación del 2003 (que no re-fundó nada pero abrió una rendijita de aire fresco hoy un poco enrarecido) para descubrir que estamos otra vez en lo mismo: el tema -o el lévi-straussiano “mitema”- sigue siendo el miedo. Hoy bifurcado, básicamente, en dos fuentes ominosas: por un lado, una vez más, el miedo económico: a saber, la crisis “globalizada” (qué raro: hasta hace unos meses lo “global” era la solución, no el problema), cuya relativa modestia local es mediáticamente sobredimensionada con típica lógica de “profecía autocumplida”; por otro, con renovados bríos, el miedo social: éste, aunque venga del fondo de los tiempos, convengamos en que ha sufrido una pronunciada degradación; si antes era al potencial revolucionario de la clase obrera organizada o al pueblo insubordinado, ahora es al fantasmal lumpenaje de un “más allá” que ni siquiera se sabe bien dónde queda (las fronteras urbanas han devenido lábiles, y ya ni la avenida Córdoba nos garantiza ser norteños), y sólo secundariamente a un “populismo” light que trabaja de chivo emisario por haber renunciado a darse base de masas: del “subsuelo sublevado de la patria” hemos pasado a los “muertos-vivos” surgiendo de los sótanos oscuros, de la policía brava a la UCEP, esa gestapito Macri-biótica. La solución de nuestras vedettes mortecinas (para insistir con ese estupendo adjetivo martinezestradista), altamente representativas -hay que decirlo- de una “clase política” más afecta a las cámaras (las empresarias y las de TV) que a la incómoda calle, es muy poco táctica, y un poco contradictoria: producir más muertos -más fantasmas-, sea por hambre o por “pena”, para poder seguir tranquilamente con los negocios… que están en crisis. Mr. Lynch, se sabe, es más eficaz que la morosa Justicia argentina para tender puentes de cadáveres sobre los ríos infestados de cocodrilos ante los portones del castillete. Es decir, para tranquilizar momentáneamente a los asustados, no importa qué pase después. Y sería ingenuo acusarlos/as de no haber leído a, digamos, un René Girard, con sus explicaciones de la violencia mimética como destructora de toda forma de comunidad, y la idea (a menudo malentendida) de que la “solución” del chivo expiatorio sólo puede ser transitoria: aunque ella sea el origen violento de la Ley, ésta (alguna Ley, no necesariamente las que tenemos) deberá reemplazar la “salida” del asesinato colectivo. O de desconocer las ingentes bibliotecas ya escritas que demuestran la inoperancia de la pena de muerte para reducir la violencia social. Inútil, esa acusación de ignorancia, porque el conocimiento para nada serviría: ante el terror, la única Razón valiosa (con “valor de cambio”, y plusvalor fetichista) es la Razón puramente instrumental, “técnica”, que alienta hoy la bola de nieve de la muerte para algunos para que mañana nos matemos entre todos. Y no es que las causas de esos efectos no sean eficientes: en el reino de la actual (im)política, con la fórmula Miedo Económico + Miedo Social se ganan -se ganarán- elecciones. Ganará, con esa fórmula, cualquiera sea el que gane. Hoy, en el mundo, se gana siempre -lo ha analizado agudamente Alain Badiou para el caso Sarkozy- con el slogan apenas matizadamente único del miedo. Si es por “centroderecha”, es el miedo al “otro” (sin mayúsculas); si es por “centroizquierda” (la mediaclase progre de hoy, sabemos, es extremista de centro y fundamentalista de la moderación) es por “miedo al miedo”: reacción especular del que quiere diferenciarse dentro de la cancha que ha marcado el adversario. Reconozcamos que también aquí hay un cierto declive cultural en nuestros fantasmas. Con una modesta metáfora literaria: si el Quasimodo de Victor Hugo gritaba “¡las campanas, las campanas!”, o el Kurtz de Conrad gritaba “¡el horror, el horror!”, nuestro burgués asustado grita “¡los negros, los negros!”, y nuestro progre bienpensante “¡el campo, el campo!” (todavía no hemos llegado, pero llegaremos, a: “¡el country, el country!”). Dicho sea esto último no para minimizar el desagrado ante la conformación de un sólido bloque de derecha que -miedos y medios mediante- viene galopando al son de los bombos sojeros (y cada vez con menos retenciones en su armado propiamente político), sino para establecer que aún nos falta ver, en la vereda de enfrente de la nueva guardia restauradora, algo realmente diferente, y no un tironeo -quizá defendible en términos de oposición a “lo peor”, pero nada más- en el interior del mismo “campo”. No es entre el miedo y el “miedo al miedo” que hay que elegir. No es entre la “seguridad” y la “inseguridad” (resignada), o entre la pena de muerte y el “garantismo”, que hay que definirse. Mucho menos entre la “seguridad” y la “inseguridad” (¿cuándo, en efecto, estuvo la clase media argentina más “segura” que entre 1976 y 1983?). Desde ya: los ciudadanos argentinos (aun cuando nunca hayan estado en Nueva York o San Pablo, para poder comparar) tienen derecho a sentirse protegidos de los delincuentes. Pero “seguridad” es mucho más que un concepto policial: es -o debería ser- una categoría política completa, que incluye la seguridad al acceso de alimentos, vivienda, empleo, educación, salud. Pero estas ampliaciones del campo semántico, claro, son siempre “a largo plazo”, y no entran en los nítidos dualismos. Así presentados, esos sistemas de oposición binaria son de una insanable mediocridad ideológica y de un avieso cinismo clasista, aunque se los anuncie desde diez radios al mismo tiempo. El efecto que pretenden -al igual que en su momento la oposición blanquinegra “Gobierno/Campo”- es el de dividir a esa entelequia llamada “opinión pública” en bandos congelados, “ontológicos”, que no responden a ninguna relación “dialéctica”, mucho menos a un debate político sustantivo o a una interrogación crítica sobre las condiciones integrales de enunciación de las palabras que se naturalizan. Lo que sí logran es un inmediato efecto “performativo”: si alguien está a favor de la legalización del aborto es automáticamente un asesino de nonatos, si está en contra de la pena de muerte es cómplice de los delincuentes. Hay que escupir esa sopa de letras y armar un nuevo crucigrama. Sentarse a definir los términos y debatir a qué política de la lengua (y, por lo tanto, de todo lo demás) responden esas definiciones. Como se decía en un tiempo: hay que “achicar el pánico” antes de que ese “pavor mortecino” del que habla Martínez Estrada nos deslumbre hasta dejarnos ciegos.

* Sociólogo, ensayista, profesor de Teoría Política (UBA).

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Publicado en Uncategorized el Marzo 5, 2009 por gabrielmuro

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