Archivos para Agosto, 2009

Depresión y fluidez

Publicado en Uncategorized el Agosto 22, 2009 por gabrielmuro

2939588822_87ae164ce6_o

“Cualquiera que no pueda enfrentarse con la vida, mientras aliente necesitará de una mano que desvíe un tanto su desesperación sobre su destino… pero con la otra mano puede apuntar a lo que ve entre las ruinas, porque ve más cosas, y diferentes, que los otros; después de todo, está muerto en su propia vida y es el verdadero superviviente”

Franz Kafka, Diarios,

19 de octubre de 1921

Contemplamos atónitos, inseguros, temblorosos, una fisura en la máquina holística global. El perfecto flujo y reflujo de capitales se ha enturbiado. Un gigantesco remolino se abre en medio del océano financiero en que se ha convertido el mundo. Cifras inimaginables dejan de existir sin nunca haber visto la luz. Gigantescas corporaciones que rigen el pulso de la existencia social se caen por el peso de su propia desmesura anfetamínica. La contraparte de la euforia, una vez más, es la depresión.   

Las líneas telefónicas de asistencia psicológica se encuentran colapsadas. En California, un administrador de inversiones desempleado pierde una fortuna, mata a su familia y se suicida. En Los Ángeles, un ex gerente de inversiones asesinó a su esposa, a sus tres hijos y a su suegra, antes de suicidarse. En Tenesee, Pamela Ross, de 57 años de edad, se suicidó cuando alguaciles se dirigieron a su hogar con una orden de desalojo. Según una encuesta realizada por la cadena hotelera Travelodge, la crisis económica está provocando un fuerte incremento del sonambulismo entre los británicos. Allí, los ejecutivos al borde de un ataque de nervios se recuperan en el Causeway Retreat, una clínica cercana a Londres. Médicos rusos constatan un creciente aumento de personas que están pensando en suicidarse. Desde Novosibirsk una médica dijo haber atendido 15 casos de suicidio en un solo día, tres veces más de lo que habitualmente atiende. En México, de acuerdo con la asociación civil Neuróticos Anónimos, desde junio pasado ha habido un leve aumento en la asistencia a las sesiones que ofrecen, lo que ha llevado a abrir 79 nuevos grupos en el país.

Un virus atraviesa a esos seres bio conscientes que solo por costumbre seguimos llamando seres humanos. Seres que en los últimos decenios vienen siendo química y técnicamente reprogramados para ser ajustados al globalizado mundo del consumo y del libre mercado. Se trata de seres sumamente elásticos y al mismo tiempo frágiles.   

Algo se ha roto en el grácil sistema financiero mundial, el sistema nervioso del mundo hipercapitalista. La extrema desvinculación entre el dinero y las cosas ha sufrido un serio traspié, pero aún no vemos como esto puede cambiar drásticamente el panorama psico-social. Ese proceso creciente de autopoiésis del dinero, donde el dinero virtual triplica al dinero real, engendra una parte maldita. Esa parte maldita es la fuerza viva en la que se sustenta el capital, y el crédito, es decir el trabajo y la inteligencia humanas. El mundo ha sido expuesto a una cada vez mayor radiación, la de la hiperestimulación info-nerviosa. El imperativo de consumir, de competir, y de endeudarse se encuentra en una fase sumamente avanzada. La crisis económica es sólo un pasaje más en esta historia clínica de la mente colectiva.

El capital global está desquiciado. Su sede se encuentra en Estados Unidos, en todos lados y en ningún lugar. El planeta ha sufrido el contagio, se encuentra pagando los costos del hiperconsumo americano. La intervención de los estados ha estado destinada exclusivamente a salvar a la clase financiera. Pocas o ninguna medidas para salvar a los trabajadores y a los consumidores. Y aún así, ningún economista es capaz de repensar las bases de su arte. Lo que cuenta es la urgencia de salvar el descalabro.

Sin embargo, no se trata de una crisis de la estructura económica. El capitalismo no es sólo un mero sistema económico que refleja una superestructura ideológica deforme. Es mucho más un sistema de relaciones simbólicas, un juego de expectativas, de creencias y de signos. No es algo sólido como un edificio que pueda ser derribado. Es un sistema de signos eficientes, una interfase cognitiva.

Esa interfase está hecha también de nervios, de células y de neuronas, es orgánica. Si el sistema colapsa, también lo hace su base orgánica, su base mental. A su vez, si la base mental colapsa, lo sabe cualquier especialista en recursos humanos, también se desploma el sistema económico, hecho en última instancia de materia orgánica.

El semiocapitalismo, como lo llama el filósofo italiano Franco Berardi, también es una fábrica de la infelicidad para los propios vencedores, es decir la clase financiera global, quienes sufren de terribles trastornos psíquicos debido a la exigencia en que se encuentran subsumidos día a día. 

Como plantea Bauman, una sociedad de consumo no puede ser sino de exceso y despilfarro. En un mundo de hiper fluidez (de objetos, de personas, de emociones, de imágenes,etc) la única constante es la circulación continua de los entes y su crecimiento constante. Pero el exceso viene a echar más leña al fuego. La incertidumbre psíquica nunca se aplaca, nada consistente sostiene por debajo al espiral de experiencias de consumo evanescentes.

Toda crítica actual de la economía política debe ocuparse de las patologías psíquicas que engendra la vida económica. No se equivocaba Freud cuando hablaba acerca de economía libidinal. Sin embargo, el nuevo malestar en la cultura ya no tiene que ver con la represión del deseo, ni tampoco con el trabajo alienado. El goce ya no se encuentra pospuesto, sino más bien propuesto. El malestar se produce cuando el goce sólo es posible en los márgenes de la economía capitalista y sus ofertas personalizadas.  

La plusvalía deseante nos concierne tanto como la apropiación del trabajo físico. La economía se ha vuelto cada vez más inversión de energía deseante, exige más y más agresividad y competitividad, inversión sobre uno mismo para acabar con el otro.  

Mientras la publicidad no deja de repartir imágenes de una sociedad llena de vigor y alegría de vivir, en la vida real se extienden el pánico, la depresión y el suicidio.

Lo que esta crisis señala es el fracaso de la ambición tecnoeconómica de homologar la vida humana al modelo del libre mercado y el ideal de la competencia perfecta, allí donde la miseria, la explotación y la guerra son considerados efectos secundarios para este antídoto contra la historia humana que es el mercado.

Siguiendo con Berardi, el capitalismo ya no busca apropiarse del espacio exterior, sueño “retro” y obsoleto, sino que progresivamente se ha propuesto conquistar el espacio interior, los intersticios de la mente, allí donde las neuroconexiones se confunden con supernovas y la infinidad de neuronas con el firmamento cósmico. Mientras tanto, la orbita terrestre se fue llenando de satélites, herramientas fundamentales en la constitución de mundo como mente global.   

Las contradicciones principales del nuevo modelo productivo se dan al nivel de las relaciones espacio tiempo. El ciber espacio se llena cada vez de mayor cantidad de información, en cambio el tiempo humano, esa dimensión demasiado humana, dimensión de la afectividad, del goce, del sufrimiento, y del pensamiento, continúa siendo limitada. La evolución del ciberespacio ha sido mucho más veloz que la de la cognición humana. De ahí la necesidad imperiosa de explorar y conquistar el espacio interior, la necesidad de hacerlo compatible con la velocidad informática del ciber espacio, una necesidad mucho más acuciante que la conquista del espacio exterior, gasto demasiado oneroso e innecesario, por lo menos hasta que el planeta tierra se vuelva completamente inhabitable. Sabemos entonces que la última fase del capitalismo no es el imperialismo, como lo quería Lenin, sino la colonización del espacio interior.

Marx se vuelve best seller. En Europa, “El Capital” se vende de a miles ¿otro mero fenómeno de consumo? si no fuese así, ¿no deberían expandirse concomitantemente los comités comunistas? También ha caducado la tesis marxiana de la autodestrucción del capitalismo. Hoy no se trata de la caída de la tasa de ganancia ni del agotamiento de las oportunidades de inversión. En la teoría Shumpeteriana, en cambio, puede encontrarse algo mucho más sugestivo: el capitalismo no se autodestruye por su tendencia al fracaso, sino por su tendencia al éxito, su sobrecarga financiera, industrial y psíquica.

¿Existe lo literario?

Publicado en Uncategorized el Agosto 16, 2009 por gabrielmuro

Por Damián Tabarovsky

Llegué a un libro de filosofía política interesado en cuestiones que, de un modo lateral, tocan también a la literatura. Ocurre que El pensamiento político posfundacional. La diferencia política en Nancy, Lefort, Badiou y Laclau, de Oliver Marchart, publicado por Fondo de Cultura Económica, gira en torno a la distinción entre “la política” y “lo político”. Mientras el primer concepto alude a las prácticas reales del sistema (partidos, elecciones, acciones, etc.), la segunda noción remite a una dimensión netamente filosófica, que linda con lo ontológico, con el fundamento mismo de lo social (que en verdad, es entendido justamente como una crítica a la idea de ontología última). Lo político va más allá de la política, y en esa distinción, que aparece por primera vez en Carl Schmitt, se cuela la posibilidad de repensar el sentido de la historia, es decir, su carácter contingente. Escribe Marchart: “El debilitamiento ontológico del fundamento no conduce al supuesto de la ausencia total de todos los fundamentos, pero sí a suponer la imposibilidad de fundamento último, lo cual es algo enteramente distinto, pues implica la creciente conciencia, por un lado, de la contingencia y, por el otro, de lo político como el momento de un fundar parcial, y en definitiva, siempre fallido”.

La idea de un fundar parcial y siempre fallido no me es ajena (al contrario: me es cercana como pocas cosas), y mientras leía el libro de Marchart, me preguntaba si es posible llevar a cabo una traducción, algún tipo de apropiación de esos términos en clave literaria. Así como existe la distinción entre la política y lo político, ¿es posible diferenciar la literatura de lo literario? ¿La literatura sería entonces lo propio del sistema? (libros publicados, textos, premios, etc.). Y lo literario, ¿qué sería? O mejor dicho: ¿hay algo literario que pueda encontrarse fuera de la literatura? Es una pregunta que me viene dando vueltas hace cierto tiempo, y sobre la cual en general no logro avanzar, producto, quizás, de la disconformidad que me causan las respuestas apresuradas y triviales que muchas veces se le da al tema. Por ejemplo, una de las fórmulas más repetidas supone que en las series de televisión de los últimos años (Lost, Dr. House, Los Soprano, etc.) habría algo del orden de lo literario, es decir, un tipo de ficción radical, de escritura crítica, innovadora.

Concebir de ese modo a esas series conlleva, al menos, dos equívocos. Uno, menor, es un cierto desconocimiento de la historia de la televisión norteamericana: no hay en esos productos una complejidad narrativa mayor que la de otras series –como muchas de los 90, e incluso anteriores como Twin Peaks– y en cambio lo que hay, en especial en Lost, son elementos decorativos, ornamentales (como ponerles a los personajes nombres de filósofos, o incorporar citas fácilmente reconocibles) pero que no tocan nada sustancial. Pero el equívoco mayor reside en la valoración de los guiones. Es evidente que el éxito de esas series, como de las dos grandes sitcom de los 90 (Seinfeld y Mad about you) son sus extraordinarios guiones. Los guiones de las series de televisión norteamericanas de las últimas dos décadas son impecables, perfectos, de una eficiencia total, un incomparable mecanismo de relojería. De eso no cabe duda y por eso nos gusta tanto verlas.

Pero ocurre que si a algo se opone lo literario, es a todo eso. Si lo político supone un fundar fallido, incompleto, vacilante, pues lo literario también: del lado de lo literario (que necesariamente debe incluir a la más aguda tradición de la novela actual, pero que va más allá de los libros) hay una búsqueda no por lograr un mecanismo de relojería, sino al revés: por desmontar sus piezas. Por hacer tartamudear a la sintaxis, por cuestionar la idea de eficiencia como valor central, por pensar lo formal bajo la idea de lo informe, lo deforme: la parte del sentido que nunca se deja atrapar.

Michael Jackson: adiós al ciborg fallido

Publicado en Uncategorized el Agosto 8, 2009 por gabrielmuro

por Pablo Shanton

michael-jackson

¿Por qué vamos a extrañar a Michael Jackson? Porque –más aún con el hecho de su muerte– siempre nos demostró que era humano, demasiado humano. Lo contrario de la imagen con que las calles hoy denuncian el “interior” de un Mascherano: Michael, en realidad, no era un robot por dentro. Sin embargo, en todos los obituarios periodísticos sobre él no se ha dejado de citar el término “ciborg” para definirlo. ¿Al final, era, como escribió el teórico posmoderno Arthur Kroker, “el primero de todos los androides producidos por el paisaje mediático”? Fue el mismo Kroker quien lo llamó “un Cordero de Dios para la era electrónica”, porque en su cuerpo se reflejaba “toda la fascinación resentida por nuestras propias inadecuaciones”. Jacko se inmolaba como el espectáculo de una angustia ciborg para todos nosotros. Contra la “utopía del devenir mutante” que prometía cierto posmodernismo teórico, en Michael contemplábamos los resultados prácticos de una cirugía que no era tan plástica ni tan líquida, porque, como advertía Tu Sam, “puede fallar”. Siempre estuvo más cerca de Orlan que de Terminator, de Frankenstein que de Robocop. El Señor Thriller encarnó la discrepancia irresoluta entre el Ideal del Yo y la realidad, entre la megalomanía y la vulnerabilidad, entre el Superhombre y el monstruo. Si fue el primer “androide mediático”, también fue el último en experimentar en carne propia lo que hoy puede ser virtual y ya. Como al Walt Disney que reconstruye Reinaldo Laddaga en su libro “Tres vidas secretas”, a Michael no le bastó con imaginarse y hacer imaginar. Le gustaba shockear, provocar el “Thrill”, el sadismo táctil que su show 3D “Captain EO” transmitía en Disneylandia. MJ: un especimen anterior a la naturalización actual de la virtualidad. El “Michael replicante” intentó ser hijo de sí (el motor biográfico jacksoniano sería la necesidad de reemplazar a un padre “malo”), sublimar toda sexuación con una neutralización angélica, y ser un padre post-edípico, puro narcisismo genético con vientre alquilado. Pero nunca pudo escapar de una dialéctica donde lo sublime era contradicho por lo abyecto: el trauma del abuso infantil, la pederastía y una paternidad inverosímil. Lo vamos a extrañar, porque representaba para todos ese resto patológico ante las dulces promesas de la “identidad líquida” y la “autorreconstrucción”. ¿Qué nos queda ahora? Madonna, o el reaccionario triunfo de la voluntad.